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Dar las gracias y agredecer nos conecta

Si eres de los que piensas que preguntar cualquier cosa te avergüenza porque consideras que otros apreciarán en ti que careces de algo, ¡ENHORABUENA! porque eso es precisamente para lo que sirve el preguntar o pedir, para que otra persona te ofrezca su conocimiento, su ayuda o su servicio, y tú puedas alcanzar lo que te faltaba. Ahí empieza la conexión y la relación con otras personas. Probablemente sea el momento en el que te sientas agradecido y digas GRACIAS¡¡

Ser capaz de preguntar, de pedir, y de agradecer … nos acerca y conecta con otras personas. Cuando agradecemos o sentimos estar agradecidos es porque reconocemos que lo que nos transmite, ya sea información, ayuda, detalle, tiene un valor para nosotros. Hay quien piensa que preguntar o pedir  es sinónimo de ser una persona fragil o vulnerable, y puede que en parte tengan razón, sin embargo a través de la vulnerabilidad, estamos dispuestos al crecimiento y desarrollo porque transmitiremos que les necesitamos para alcanzar lo que deseamos y eso, nos conecta. Nos hace ser más confiables, nos muestra como seres honestos, humildes que buscamos el apoyo de otros para conseguir nuestro objetivo. 

Dar las gracias y agradecer son cosas diferentes. Solemos dar las gracias cuando recibimos algo, ya sea solicitado o no esperado, de una forma inconsciente aprendida desde pequeños. Sin embargo, somos o estamos agradecidos cuando nos sentimos conectados en el tiempo con la otra persona a la que apreciamos y valoramos por lo que nos ha dado o hecho, y mucho más si ello es sin haberlo solicitado.  


¿Quién no ha pedido ayuda?

Cuando desconocemos el funcionamiento de algo, nos sentimos mal porque no sabemos cómo podemos hacer para que funcione. Y en vez de investigar y dar con la solución, solemos acudir a un pariente, a un amigo, o al primero que pasa por ahí, para preguntarle cómo funciona el fax, el móvil nuevo, la lavadora, la cámara digital, el ordenador; y, lo que es peor, le pedimos que nos lo ponga en funcionamiento.



Da igual, la época en la que vivamos, el contexto en el que nos relacionamos, o el problema que tengamos. Queremos que por el mero hecho de tener entre nuestras manos un nuevo artilugio, sepamos cuál es su funcionamiento. Y todo necesita de un aprendizaje, de un modelo.

Cuando aprendemos, es porque interiorizamos el nuevo conocimiento y reflexionamos sobre él. Entonces, lo hacemos nuestro y es cuando habremos creado un modelo.

Si nos explican cómo funciona el fax y no lo interiorizamos, la próxima vez, seguramente tendremos el mismo problema. ¿Qué haremos? Pues lo mismo que el primer día, pedir ayuda. Este modelo funcionó.

Si por el contrario, hemos interiorizado un procedimiento para aprender, cada vez que nos encontremos con ese problema o muy parecido, sabremos cómo solucionarlo. ¡ ¡ Eureka ! !