Coaching en las Aulas, ¿co-qué?

Artículo publicado en Aula Infantil
¿Co-qué? Eso fue lo primero que me dijeron un grupo de niños cuando escucharon la palabra Coaching. Efectivamente, no es el término más adecuado para denominar a un método de total éxito que utilizan las empresas para conseguir resultados extraordinarios, así que cada vez que hablo de Coaching, intentó explicar qué es y para qué sirve.


El Coaching es una palabra que deriva del término inglés para denominar “entrenamiento” pero nada tiene que ver el sentido que le damos con la traducción al castellano de “entrenador”, por ello, es aún más complicada su comprensión. Pero vayamos directamente a saber lo que es. Lo definimos como “el arte de ayudar a una persona a descubrir nuevas oportunidades de mejora, a través de la conversación y el aprendizaje”. El Coaching es un método de aprendizaje, de desarrollo personal y profesional basado en la capacidad de accionar y de conseguir resultados basados en la eficacia y el bienestar.

DE LA EMPRESA A LA ESCUELA
Dicho esto, el Coaching es una herramienta muy utilizada por las grandes empresas para sus ejecutivos y equipos, con el fin de conseguir los mejores resultados en sus cuentas o tener los mejores equipos.
Y si esto funciona para los ejecutivos, “¿por qué no ponerlo a disposición de los menores?”, ¿por qué sólo van a poder disfrutar de este método, aquellos que se mueven en el mundo empresarial? ¿por qué no facilitárselo a otros ámbitos? Al fin y al cabo el Coaching es una modalidad que trabaja al ser, a la persona”.
El Coaching no se basa en la psicología, sino en la filosofía y concretamente en la Ontología, es decir, en la rama de la filosofía que estudia la comprensión del ser. Así, pues, el Coaching Ontológico, es una disciplina que permite el conocimiento del ser humano desde la comprensión del lenguaje.
Todo aprendizaje necesita de la prueba y del error. Sin error no hay aprendizaje, sin errores no reflexionamos, no incorporamos a nuestro ser el nuevo paradigma, “el aprendizaje”. Cuando nos agobiamos, o mostramos miedo, nos encontramos en un proceso de aprendizaje, convirtiéndonos en “una permanente posibilidad de ser”. Para alcanzar nuestros objetivos, tenemos que arriesgarnos, probar, tantas veces como sea necesario, desde tantas perspectivas y puntos de vista, como seamos capaces de visualizar, hasta descubrirlo y lograrlo. Una vez alcanzado, razonamos y valoramos nuestro hallazgo, e incorporamos el aprendizaje a nuestro ser. Es entonces cuando habremos dado un paso fundamental en el crecimiento como personas, habremos “expandido nuestra capacidad de acción efectiva”.
LOS COACHES ESTAMOS COMPROMETIDOS
Así pues, un grupo de Coaches, padres y personas comprometidas con la Educación, la Formación y el Aprendizaje nos hemos puesto en marcha para presentar, a los tres colectivos relacionados con la Educación: Alumnos, Padres y Educadores, qué es el Coaching y ofrecerlo allí donde estén interesados o quieran conocer cómo puede servirles esta nueva herramienta.
Los coaches no somos psicólogos, no somos terapeutas, no somos mentores, ni somos maestros, no aconsejamos, no juzgamos, …, nos limitamos a abrir posibilidades de acción. Consideramos perfecto y completo al individuo. Partimos de la base de que toda persona es plena, completa y tiene un talento por descubrir.
A través de la conversación con un Coach descubrimos, por nosotros mismos, las posibilidades de las que disponemos sólo con un cambio de observador. Cuántas veces hemos oído “yo no estudio idiomas porque cuesta mucho y soy muy mayor para aprender a mi edad …”. El coach facilita distinciones del lenguaje para que cambiemos el filtro con que miramos y poder ver de otra forma, encontrando nuevas soluciones a nuestro problema. Así y siguiendo con el caso anterior cuando decimos “soy muy mayor”, primero tenemos que conocer para qué nos consideramos “mayor”, .. Seguramente lo que nos sirve para excusarnos de tener una edad avanzada y sentirnos cansados para aprender cosas que no le vamos a ver un rendimiento a corto plazo, no es excusa para hacer otras nuevas en las que sí vemos un rápido resultado, como podría ser el caso de gastar el tiempo y dinero en viajar. Lo que realmente nos ocurre es que no sabemos utilizar el lenguaje de una forma apropiada y nos produce incómodos y malos entendidos, basados en creencias de las que no sabemos desmontar. Esto por supuesto, no es válido para todo el mundo, sin embargo si dijésemos realmente lo que queremos decir y no lo que decimos, no nos pasaríamos el día excusándonos o acusando al resto de las interpretaciones de nuestras conversaciones y de las cosas que nos pasan ..
Cuanto más pequeños somos, o mejor dicho, cuanto menor se es, mayor es el umbral de aprendizaje, porque no tenemos prejuicios y únicamente nos tenemos que ocupar de llenar nuestra mochila de experiencias. Esto no quiere decir que, los que pasemos de los 30 años, no tengamos capacidad para aprender. Todo lo contrario, ahora se ha descubierto que cuanto más aprendemos, más fácil es seguir aprendiendo y que esto se produce, precisamente en las edades avanzadas. Pero de ésto sólo somos conscientes cuando somos mayores ..
Pero volviendo al principio, los “mayores” tenemos la obligación de hacer saber a nuestros menores el “Tesoro que tienen delante” y que sólo ellos son los que pueden hacer, deshacer o no hacer nada para avanzar hacia donde se proponen.
Volviendo a la labor de los Coaches, Sócrates fue el primer coach de la Historia, pues a través de las preguntas, facilitaba a sus discípulos el camino para encontrar sus propias respuestsa, su propio crecimiento y su propio rumbo.
Un Coach facilita el proceso de desarrollo y crecimiento del individuo, cualquiera que sea su ocupación o rol en la vida: ejecutivo, estudiante, deportista, político, formador, escritor, jardinero, cuidador, médico, educador, mecánico,…. Os preguntaréis qué tendrá que ver un ejecutivo, …., con un niño …, ¡pues todo!. Todos somos personas, todos somos seres con un potencial tremendo por descubrir. Que, en el caso de los menores, da muchas satisfacciones porque todo para ellos es descubrimiento.
CUENTO PARA PENSAR
Permitirme que os cuente un cuento de Jorge BUCAY, titulado “El verdadero valor del anillo”, de la serie Cuentos para Pensar (1997), y dice así:
Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».
-E... encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
Como os decía al principio, un grupo de Coaches nos hemos propuesto trasmitir a las nuevas generaciones este nuevo arte o método que consideramos un Tesoro. Un tesoro que nos muestra el mundo de posibilidades que tenemos y que mediante las acciones y el lenguaje que utilicemos avanzaremos en un sentido u otro. Un futuro lleno de posibilidades.
El Coaching es un Tesoro y dependerá de cada uno de nosotros el recibirlo y guardarlo; o el disfrutarlo y compartirlo. Ambas son buenas elecciones, pero sólo una nos hará crecer. ¡Elige!